EL PRENDIMIENTO

Compañía, ¡Firmes!. Acabo de recibir un parte el cual mandado por un soldado del Pontífice Anás, y en su contenido dice:

Mi famoso capitán,

a tus valientes soldados,

les debes manifestar

como el reo que buscamos

esta en ésta sin dudar.

En el huerto de Jetsemaní,

unos olivos verdes verás,

dirigiéndote hacia ellos

me creo que lo has de hallar.

Si es que lo encuentras procura,

lo primero y principal,

atarle muy bien las manos

que no se pueda escapar .

Para esto hermanos míos

es menester preparar

unos cordeles muy fuertes

que no los pueda quebrar.

Aquí están mi capitán.

Aunque también con vosotros va Judas,

que le ha de dar un beso

al traidor que nos quiere derribar,

nuestra ley es verdadera

ese falsario que va

proclamándose por rey

es una hipócrita verdad,

dentro de muy pocas horas se verá

en este mi tribunal.

Le vendió por ambición,

por muy poca cantidad,

solo por treinta dineros

le debemos respetar.

Estas ordenes secretas

del pontífice Anás

¡Hermanos míos!

¿Me habéis de seguir todos

en la misma forma que estamos?

Sí, mi capitán.

Alto, las precauciones tomar

quiero registrar este sitio

antes de contramarchar,

bajo pena de la vida

al que lo deje escarpar.

No temer, no cesar

no volver la vista atrás

que dentro de esta misma tarde

lo tenemos que entregar.

Esas lanzas enristradas,

las espadas desenvainar

y ahora con fervor y aliento

los instrumentos tocar.

Las cornetas a degüello,

esas cajas redoblar

por derecha y por izquierda

lo tenemos que buscar.

¡Buscarle,

que entre los olivos está!

¿A quien buscáis, gente vil?

Buscamos al Nazaret

¿A quien buscáis, gente vil?

¡ Buscamos al Nazaret !

¿A quién buscáis, gente vil?

¡ A Jesús el Nazareno !

Aquí lo tenéis


 
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