
Compañía, ¡Firmes!. Acabo de recibir un parte el cual mandado por un soldado del Pontífice Anás, y en su contenido dice: Mi famoso capitán, a tus valientes soldados, les debes manifestar como el reo que buscamos esta en ésta sin dudar. En el huerto de Jetsemaní, unos olivos verdes verás, dirigiéndote hacia ellos me creo que lo has de hallar. Si es que lo encuentras procura, lo primero y principal, atarle muy bien las manos que no se pueda escapar . Para esto hermanos míos es menester preparar unos cordeles muy fuertes que no los pueda quebrar. Aquí están mi capitán. Aunque también con vosotros va Judas, que le ha de dar un beso al traidor que nos quiere derribar, nuestra ley es verdadera ese falsario que va proclamándose por rey es una hipócrita verdad, dentro de muy pocas horas se verá en este mi tribunal. Le vendió por ambición, por muy poca cantidad, solo por treinta dineros le debemos respetar. Estas ordenes secretas del pontífice Anás ¡Hermanos míos! ¿Me habéis de seguir todos en la misma forma que estamos? Sí, mi capitán. Alto, las precauciones tomar quiero registrar este sitio antes de contramarchar, bajo pena de la vida al que lo deje escarpar. No temer, no cesar no volver la vista atrás que dentro de esta misma tarde lo tenemos que entregar. Esas lanzas enristradas, las espadas desenvainar y ahora con fervor y aliento los instrumentos tocar. Las cornetas a degüello, esas cajas redoblar por derecha y por izquierda lo tenemos que buscar. ¡Buscarle, que entre los olivos está! ¿A quien buscáis, gente vil? Buscamos al Nazaret ¿A quien buscáis, gente vil? ¡ Buscamos al Nazaret ! ¿A quién buscáis, gente vil? ¡ A Jesús el Nazareno ! Aquí lo tenéis |